En un paseo a Montevideo cerca del antiguo mercado compre un recuerdo para un ser querido. Era una palomita llevando un pequeño rollo de papel, una paloma mensajera.
En esas vacaciones familiares, caminando por las playas de Santa Ana, encontré la arcilla natural, húmeda, lista para trabajar. Este fue un gran regalo para mi, que como niña me dispuso con entusiasmo a modelar, el primer objeto que vino a mi mente fue la paloma que días antes había comprado. Tratando de replicarla, con el barro rustico y sin herramientas, me encontré con una estética y un sentido diferente.
Al agruparlas y habiendo generado el orificio del abdomen con una pequeña rama de árbol, se conformó un nido.